Notas de
observación participante en la Asamblea del 15-M de Moratalaz, 18 febrero 2012
Lugar:
Convocatoria en la AAVV Avance. Como hace un buen día, se sacan sillas fuera y
la mayor parte de la gente se sienta en ellas y bastantes otros en el suelo
(los dos sectores de los que hablaré luego empiezan a verse en donde se sienta
cada una).
Público:
Unos 40 al empezar, en torno a 60 hacia las 14h. Los jóvenes (por debajo de 30)
no son más de 10, el resto se divide casi a partes iguales entre adultos i
iaioflautas, los que más me sorprenden por su abundancia y actividad (en
comisiones y a la hora de hablar). Entre los 40 del principio casi todos se
conocen y saben los nombres. Domina el buen ambiente, pero en varios momentos
hay cierta tensión entre una parte de los jóvenes-adultos, más puristas en las
formas típicas del 15-m y en los discursos versus los iaioflautas, más
“prácticos” y más reticentes, por ejemplo, hacia los discursos completamente
negativos hacia el conjunto de los sindicatos. Puede no ser algo solo cuestión
de edad sino también de clase (subjetiva): los cortes de pelo o la ropa de
parte de ese sector joven-adulto (25-40 años) militante son parte clara de los
hábitos culturales de ciertos sectores de clase media (muy típicos de algunos
sectores del movimiento feminista, por ejemlo), mientras que los mayores tienen
más el perfil obrero anodino típico del barrio.
Contenidos:
La asamblea tiene partes muy diferenciadas, cada una con sus tiempos
pre-fijados. Primero se dan informaciones (45 min aprox), luego se debaten
propuestas concretas (algo más de una hora), luego hay un tema monográfico
(aborto, sobre el que hay exposición y debate, 1 hora), luego había previsto un
apartado varios que se acuerda suspender porque se va tarde. Mi sorpresa mayor
es como ha cambiado la cultura respecto al factor tiempo: se ha aprendido
muchísimo y ya no se dedica una hora a debatir si la próxima asamblea es sábado
o domingo, hay horarios muy claramente establecidos y mucha preocupación porque
los tiempos no se alarguen demasiado. El debate de una de las propuestas
refleja muy claramente ese tema, cuando se dedica un buen rato a como encajar
en los horarios habitaules la propuesta que todo el mundo quiere aceptar de ir
una vez al mes a actualizar y cuidar el muro dedicado a los casos de violencia
de género. Si, la idea nos gusta, pero ¿de donde quitamos esos 20 minutos? Una
de las primeras opciones que se descarta, por irreal, es acabar más tarde (es
la que se hubiera aprobado hace 6 meses, aunque luego hubieran quedado 2
personas). También se descarta recoger dinero de camino porque es poco
respetuoso con esas mujeres a las que se
quiere rendir homenaje. También acortar la asamblea, por irreal. Finalmente se
acepta una idea que inicialmente fue bloqueada (que ese día, una vez al mes, no
se recoja dinero para el periódico y ese rato se dedique al homenaje), cuando
tras el debate se ha visto que las alternativas son peores. Es un ejemplo
bonito de deliberación y de cómo ese consenso hacia el que suelo ser muy
reticente puede llevar a decisiones con las que todo el mundo se sienta cómodo.
Pero sobre todo me impresionó el cambio en la importancia acordada a ese factor
tiempo, tan ninguneado al principio y tan cuidado ahora.
Pero
sin duda el tema más polémico fue la reforma laboral y el si acudir o no, o
cómo acudir, a la manifestación contra la misma. Y volvió a ser un debate
interesante. El sector más crítico hacia los sindicatos no se sentía cómodo
yendo con ellos (anticipando los incidentes y tensiones que hubo hoy en la
manifestación) y empezó bloqueando la idea de acudir a la manifestación. Tras
un largo e intenso debate donde salió mucho esa distinción inicial entre las
personas que vivieron el franquismo y la transición y no aceptaban un rechazo
global y absoluto al sindicalismo, aunque compartieran las críticas a sus
estrategias recientes y los adultos-jóvenes cercanos al sindicalismo
minoritario para los que UGT-CCOO eran casi peores que Rajoy. Estos, tras
lograr que las críticas a las cúpulas sindicales fueran muy claras, y la idea
de marchar en bloque y con consignas diferenciadas quedara muy explícita, y
tras algunos discursos muy convincentes hechos desde su perspectiva pero
defensores de que era importante estas en la manifestación, terminaron
aceptando que la asamblea se sumara a la convocatoria de manifestación.
Dinámicas
y otros comentarios: El uso de toda la gesticulación 15-m funcionaba muy bien y
estaba muy extendido entre todo el público, así como las dinámicas de uso de
palabras. Las desigualdades y los faccionalismos en la asamblea, eran claros.
Las facciones se corresponden bastante con las anteriormente descritas (por
edad, clase y radicalismo), aunque por suerte no eran rígidas y las fronteras
cambiaban algo tema a tema (la parejita se besaba efusivamente, pero minutos
después ella bloqueaba la propuesta de su amor). Las desigualdades eran claras,
no solo por el número o la capacidad oratoria de las intervenciones de cada
uno, sino por el papel clave que estaba claro que jugaban los que habían
llegado antes a hacer el orden del día (uno de los peajes del mayor control
sobre el tiempo). También era difícil seguir la jerga de comisiones y cosas que
se daban por descontadas y no se explicaban, para alguien como yo, informado en
general, pero no habitual de las reuniones: aunque se hablaba de informar y
llegar a más gente, el lenguaje no hacía fácil que alguien nuevo pudiera
subirse a ese tren que ya llevaba mucha velocidad.
El
moderador jugaba un papel clave, espectacular. Quizás el mejor
moderador-consensuador que he visto en mi vida (y he visto much@s). Pero
precisamente porque lo hacía tan bien, (controlaba tiempos, recordaba reglas,
pedía insistentemente aportaciones en positivo y que permitieran superar los
bloqueos o las proponía el mismo, resumía debates y aportaciones, etc…) me
pareció insustituible y que cualquier otra de las personas que había allí (por
menos despiertas, por más beligerantes, por menos integradoras y empáticas) no
habría podido hacerlo igual y hubiera habido otra asamblea bastante diferente
sin él. Los líderes siguen siendo imprescindibles incluso en la más pura
horizontalidad?
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